Huracán recibió un guiño del destino y venció por 3-2 a Atlético de Rafaela en el Tomás Ducó. El equipo de Néstor Apuzzo lo ganaba con un par de goles de Eduardo Domínguez, pero la Crema lo empató en una ráfaga de cinco minutos, que se potenció con la expulsión de Federico Vismara. Ramón Ábila se las ingenió para decorar el resultado y el Globo volvió al triunfo tras más de un mes.

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Algo que se puede apreciar en un partido a puertas cerradas es el barro. Cuando hay público, se mira por televisión o se escucha por radio, es imposible. Esa esencia terrenal, que demuestra que en el profesionalismo también hay gritos, indicaciones, enojos, felicitaciones y hasta insultos, como en la plaza del barrio o en la canchita debajo de la autopista. Entre compañeros, con rivales y, por supuesto, hacia el árbitro. El circuito de comunicación es constante y recorre a todos los protagonistas de un mundo que se vende como la élite, pero en realidad es mucho más natural, como demostraron Huracán y Atlético de Rafaela.

En un Palacio Ducó forzado a la soledad, Globo y Crema cerraron la penúltima fecha de Primera División antes de la Copa América de naciones. Condimentos varios: media decena de goles, un penal, un expulsado. Pero lo más atractivo fue lo mundano. «Cubrí zona», «para adelante», «¡reventá!», «tocala antes, che». Un concierto de voces orquestado por Eduardo Domínguez, que volcó la responsabilidad de la cinta que portó en el brazo en instrucciones para los demás. El veterano capitalizó una falta en el área que consiguió Agustín Torassa y culminó una jugada preparada a balón quieto. Su doblete marcó la ventaja y la pole en el camino a ser figura.

Sin embargo, ese atributo positivo hizo efecto búmeran y expuso a un equipo a la deriva. El local se retrasó, defendió en su campo e invitó al área a un rival que no tenía nada que perder. En unos pocos minutos, el 2-0 se transformó en 2-2 y Federico Vismara fue expulsado por doble amonestación. Silencio sepulcral. Los únicos gritos eran de aliento entre los de camiseta blanca y celeste. Los jugadores de Huracán no emitían palabra alguna y se percibía un aire derrotista. De manera anecdótica, Wanchope Ábila se iluminó y le otorgó el triunfo a los de Parque Patricios, que salieron de la zona de descenso por la caída de Crucero. Tres puntos y nada más. Una victoria que otorga una calma tensa.


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