Huracán igualó 1-1 con Colón en Santa Fe y cerró la primera mitad del torneo con 13 puntos. El Globo cometió un grosero error defensivo que terminó en el gol rival, pero llegó al empate a través de David Distéfano. Sobre el final, pecó de ingenuo, desperdició la oportunidad de sacar ventaja y terminó con un jugador menos por la expulsión de Eduardo Domínguez.

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Bien se le podría haber notado la marca de la almohada a los defensores de Huracán cuando se miraron entre ellos a los 30 segundos de partido. La primera llegada de Colón, cabezazo de Gerónimo Poblete tras un lateral al área, fue producto de una desatención que no sufriría de soledad en la calurosa tarde santafecina. La última línea del Globo entró en licencia por vacaciones antes de tiempo y cometió mil y un errores que el Sabalero aprovechó para encontrar la profundidad de la que careció todo el semestre -es uno de los cinco equipos con menos goles a favor del torneo-. El yerro más burdo llegó del pie izquierdo de uno que se equivoca poco, Luciano Balbi, que coronaría una muy mala tarde personal con su salida por lesión. Corrida de Cristian Llama, definición al segundo palo: dueño de casa en ventaja.

En el segundo tiempo, después de 107 días y 45 minutos de la firma de su contrato, Daniel Montenegro volvió a Huracán. Rolfi dejó la negligencia en el vestuario, tomó la posta y fue el líder futbolístico que le cambió la cara al equipo de Néstor Apuzzo. El Globo se adueñó de la posesión y concretó el empate tras un cuarto de hora. El ex Independiente se lució con la asistencia al goleador más inesperado, Distéfano. El volante, que solo tenía 100 minutos jugados en el año, controló y remató de zurda al primer palo. A esa altura, Torassa ya estaba en rol ofensivo (y no como 4 bis), Vismara había resuelto su soledad en el círculo central y Ábila se las ingeniaba para transigir la marca férrea de la zaga rojinegra.

En el final, Jorge Broun puso a prueba la picardía quemera. El arquero de Colón se demoró en una salida, perdió la pelota afuera del área y la tomó con las manos para evitar una desgracia mayor. A la expulsión y el tiro libre a favor se sumó un aliciente que condimentó el dramatismo, el Sabalero tenía los cambios agotados. Matías Ballini, volante central de baja estatura (1,73 mts), cazó los guantes y se paró bajo los tres palos. Eduardo Domínguez se hizo cargo del balón detenido y desencadenó una serie de eventos absurdos y desafortunados: disparo a colocar, impacto en la barrera, foul para frenar el contraataque y tarjeta roja para el capitán, que era el único amonestado. El epílogo solo sirvió para mostrar como el Globo, que no le pateó ni una vez al improvisado portero, extendió su racha adversa como visitante en Primera División, racha que deberá esperar hasta julio para ser desterrada.


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