En un Ducó colmado, Huracán empató sin goles ante Alianza Lima en el partido de vuelta de la primera fase de la Copa Libertadores y avanzó a la etapa de grupos. Aunque no brilló como en Perú, el Globo mantuvo la diferencia global y jamás puso en riesgo la clasificación. Cruzeiro, Mineros de Guayana y Universitario de Sucre, los próximos rivales.

Cuando se juegan cosas importantes, es difícil que el fútbol aburra. Huracán y Alianza Lima fueron un ejemplo de ello. En un duelo sin gol, la emoción más grande que tiene el deporte, hubo intensidad, jugadas elaboradas, grandes atajadas, un caño y hasta una tijera de lujo. Aunque la remontada épica que necesitaba la visita no estuvo ni cerca de concretarse, la multitud que se acercó hasta el Palacio Tomás Ducó se mantuvo expectante al enfrentamiento, que alternó protagonistas. En el balance, los Íntimos fueron más que el local, pero las situaciones más claras se escribieron en el haber del Globo.

Antes del partido, los testimonios de los jugadores coincidían en que no debían relajarse por lo conseguido en la capital peruana, pero en el inconsciente de cada uno de ellos pesó aquel memorable 4-0. Huracán no fue compacto ni armonioso como en la ida. La comodidad llevó a la quietud; la confianza, al error. Al equipo de Apuzzo le escaseó el entendimiento colectivo, situación que se reflejó a la perfección en el exiguo rendimiento de sus mediocampistas. Solo Romero Gamarra escapó a esa crítica, que roza la reprobación. Tuvieron que aparecer los del fondo -buen debut de Nervo, correcto accionar de Domínguez- para desactivar el torpe y desesperado (pero constante) avance aliancista.

La razón por la que el Globo sumó las aproximaciones de mayor peligro tiene nombre propio: Ramón Ábila. El cordobés fue impreciso de frente al arco -malogró dos chances en el área chica, una por tiempo-, pero de espaldas a él trabajó para sus compañeros: pivoteó, abrió el juego hacia las bandas y se llevó marcas a lo largo de los noventa minutos. Sin anotar, que es lo mejor que ha hecho desde su llegada al club, el ex Instituto fue el mejor de los de Parque Patricios, que cerraron definitivamente la serie cuando sumó volantes a su esquema. Ese recambio que resultó efectivo ayer será fundamental en el porvenir quemero, que lo verá en el Grupo 3 de la máxima competencia continental junto a los demás grandes del fútbol argentino.


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