Huracán perdió 3-1 ante Olimpo en el Tomás Ducó y cayó otro puesto en la tabla de posiciones. El Globo había logrado la ventaja con un penal que Agustín Torassa simuló y convirtió, pero cedió la iniciativa en el segundo tiempo y el Aurinegro dio vuelta el marcador sin mayor esfuerzo. Un punto separa al equipo de Néstor Apuzzo de la zona de descenso.

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«Salió todo mal», dijo el director técnico de Huracán en la conferencia de prensa post derrota. Minutos atrás, su equipo había recibido tres goles de un Olimpo que sumaba dos en todo el campeonato. Otra vez, el Globo sobró un partido. Otra vez, escaseó la actitud. Otra vez, falló el planteo. Los errores se repitieron -se repiten- y los fantasmas del pasado, que ni siquiera se espantaron por los gritos de un público ausente, revolotearon el Palacio Ducó. La ubicación en las tablas de posiciones y de promedio no han servido todavía de alarma para un club que cierra los ojos, olvida el presente -desestima el futuro- y sonríe por estar en Primera y re-debutar en una competencia internacional.

En Parque Patricios, ante un puñado pequeño de personas por la prohibición del Cosef, el local se puso en ventaja porque el árbitro Luis Álvarez premió la actuación de Agustín Torassa. El ex All Boys, que es uno de los pocos suplentes en buen nivel, simuló una falta en el área y, como en el Gigante de Arroyito, abrió el pie en la ejecución para cambiar penal por gol. En un primer tiempo poco vistoso, los desbordes del 11 y las pisadas de Lucas Villarruel se llevaron todas las miradas. Por el lado de los de Bahía Blanca, el gran mérito tras los primeros 45 minutos fue conseguir un par de tiros de esquina. Al cierre de la mitad inicial, no hubo aplausos; la presencia de hinchas no hubiera cambiado esa situación.

El segundo tiempo fue un replay de los de antaño. Huracán, desconocido, no logró controlar el trámite ni siquiera en su escenario ideal: ventaja en el marcador y a la espera del contraataque. El visitante se encontró con la tenencia de pelota, cedida por el dueño de casa, y se sintió cómodo por las bandas. Atacó con más voluntad que fútbol y llegó al empate en la segunda jugada de un balón detenido. A esa altura, ya eran dos puntos perdidos. Pero como la temperatura del agua del balde que iba a caerle al Globo no era lo suficientemente fría, Jonathan Blanco cruzó un remate y Gonzalo Klusener empujó un buscapié en el área chica. Los bahienses, agradecidos por su primer triunfo en el año. Los quemeros -jugadores y dirigentes-, desenfocados dentro y fuera de la cancha.


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