Ayer fue, tal vez, el Día del Futbolista más triste en la historia argentina. Principalmente, porque Emanuel Ortega, un jugador de 21 años de San Martín de Burzaco, falleció tras haber estado internado por un golpe que había sufrido en su cráneo durante un partido de la Primera C. Después, para cerrar una jornada para el olvido, Boca y River protagonizaron un enorme bochorno en el que no faltó nada: agresiones con gas pimienta a los jugadores millonarios, empujones, llamados telefónicos a altos dirigentes de la Conmebol por incapacidad de decisión de las autoridades locales y absoluta falta de solidaridad de los futbolistas xeneixes con sus pares riverplatenses.

Falta de solidaridad. Falta de consciencia. Poca preocupación por lo que pueda pasar al otro. Se repite de manera constante, a tal punto que a veces parece no haber salida posible en una sociedad cada vez más individualista en la que el fútbol, por supuesto, no es la excepción.

La excepción… Siempre hay una excepción. Nunca falta el hecho que pasa sumamente desapercibido en los medios masivos de comunicación, pero que nos dice a gritos que no todo está perdido. Y ese acto fue protagonizado por jugadores del Club Atlético Huracán y representantes de Scholas Occurrentes.

El Padre Pepe lidera una Misión en Villa La Carcova, en José León Suárez. Allí, más de cien chicos asisten a un comedor, estudian y se forman en una escuelita de fútbol. Encuentran, así, una manera de cambiar su difícil realidad, llena de carencias afectivas y económicas.

El martes 12, cuando el Padre Pepe celebraba sus 53 años, Eduardo Domínguez, Federico Mancinelli, Marcos Díaz y Federico Vismara visitaron su Misión. Los jugadores llevaron las copas obtenidas recientemente para que los chicos y el Padre, confeso hincha de Huracán, pudieran sacarse fotos. Además, tomaron una merienda con los chicos, conversaron y jugaron al fútbol.

Marina Méndez, hincha del Globo y representante de Scholas Occurrentes, la entidad educativa impulsada por el Papa Francisco, se confesó emocionada por poder colaborar para que los jóvenes encontraran en el fútbol y en su querido club un buen motivo para alegrarse y entender que “no todo está perdido”, como suele repetirse casi hasta el cansancio.

Se entregaron equipos de indumentaria completos de Scholas Occurrentes y, con los sponsors conseguidos, podrá construirse una pequeña cancha, vestuarios y pagar sueldos a los profesores a cargo de la escuelita de fútbol. ¿Cuál es el próximo paso? Las visitas se van a invertir, serán el Padre Pepe y los chicos los que visiten el Tomás Adolfo Ducó.

La solidaridad y las ganas de ayudar están presentes aunque no las veamos. Y lo mejor de todo es que nosotros mismos podemos demostrarlo.


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