Hay equipo, pero no hay plantel. Esos meses de verano en el que Huracán tiró manteca al techo -Bruna, Miralles, Gil Clarotti, Blázquez, Carrera- se están sintiendo en el tramo final de la temporada, que lo tiene en doble competencia y desorientado. Doce, quizás trece a la altura integran un plantel de 35 jugadores. El 36 era el actual entrenador, que ayer, en palabras y actos, se sacó el reloj de dos brújulas y blanqueó sus intereses: la Sudamericana es prioridad sobre el campeonato local. Aunque la supervivencia institucional del club depende más de la permanencia en Primera División, el DT ha puesto en la balanza más peso sobre el certamen internacional.

Ayer, como en varios partidos a lo largo de la temporada, el síndrome de la frazada corta atacó con violencia los circuitos nerviosos de Huracán, que reservó a Balbi, Vismara y Ábila para el duelo ante River del próximo jueves. Sin las piezas necesarias para reformular un Globo muletto, Domínguez emparchó y tapó como pudo los baches que dejaron las bajas elegidas a dedo. A las sentidas ausencias, se sumó un planteo tan inocente como erróneo y sorpresivo. Con el mismo esquema, pero otros intérpretes. Con la confianza depositada exclusivamente en una línea de fondo que capitanearon Nervo, el mejor refuerzo, y Mancinelli, renovado y en su mejor nivel. Ambos, curiosamente, fueron parte de los goles de Quilmes directa o indirectamente.

El visitante jugó como si tuviera un delantero de referencia, un 9 clásico, pero no lo tenía. El puesto improvisado de Miralles derivó en una actuación pésima del acompañante de Espinoza, que se cansó de correr por ambas bandas para llegar al fondo y no encontrar compañía. El poco peso ofensivo cedió terreno al avance del Cervecero, que encontró peaje con barrera levantada cada vez que Villarruel y Romero Gamarra estaban enfrente. Bogado anduvo perdido en la posición de interno derecho y cuando todo quedó en manos de la defensa, la calidad individual del local marcó la diferencia. Ese gol con cuota de fortuna de Montenegro resultó anecdótico y no sirvió para evitar la confirmación que nadie quería: Huracán llegará a la última fecha -y al choque sudamericano- sin la certeza de quedarse en la máxima categoría.


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