Ya no cabía lugar en el muro de los lamentos. No en el de Tierra Santa, sino en aquel que se encontraba en otro remoto lugar del planeta, donde las deidades no son el eje de una pura religión. No, ésta es especial. Aquí no hubo mesías, ni tampoco se lo espera. Se mira al cielo cada momento, pero no en busca de un ser supremo al que alabar, sino para suplicar algo tan simple como el destino de una esfera de cuero.

Quizá sea esta la religión con menos templos del planeta. Pese a que suele sorprender con algunos fieles que se le suman desde otros lugares del mundo, el Palacio – el único – obliga a convertir a esta fe en algo más… autóctono, por así decirlo. Más de barrio. Quemeros. Así se los ha bautizado a estos enfermos de su religión, que hacen oídos sordos a todos aquellos que les vociferan estar del lado equivocado.

En un principio parecía que el esplendor de las primeras décadas de vida jamás se iría, pero años después llegó una sequía absoluta, una de 41 largos años que ni el mismísimo diluvio parecía poder calmar. Sin embargo, la fe siempre será lo último que se pierde… Con un globo como símbolo, juraron seguirlo hasta el final. No importaba que sucediera, ellos estarían allí, siempre. Más en las malas que otra cosa. Estaban insoportablemente mal acostumbrados. Pero las cosas cambiaron. Ahora el insomnio ya no es de un presente incierto, lleno de desilusión e incertidumbre. Ahora se trata de otra cosa.

Las lágrimas saladas de lo que no pudo ser, se transformaron en un emotivo llanto de alegría y ansiedad, ese que irrumpe en cada momento de esta previa en la que estos fieles esperan minuto a minuto que llegue el gran momento. Miran el reloj cada instante, pero nada sucede. Desafían a quienes aseguran que los minutos duran tan sólo 60 segundos. La aguja no corre, como si se hubiese cansado de dar vueltas en círculos una y otra vez. Los momentos se mantienen inmunes, las sensaciones se agrandan. Todavía es muy temprano. No importa si faltan 10 horas, seis, o 40 minutos. Siempre parece muy lejano, y cercano a la vez. Esa cercanía rara de haberlo vivido durante una semana entera en la que la cabeza no podía enfocarse en ninguna otra cosa.

El gran momento se acerca. El pitazo inicial que libera tensiones y afloja músculos llegará esta misma noche. Los primeros 90 minutos que te separan de la gloria, del sueño, del orgullo eterno y absoluto que pase lo que pase durante los próximos años, siempre se quedará allí. Sólo hay que disfrutar y esperar con fe. Con una Fe Santa, que también intentará ser colombiana, pero que no conoce de la religión quemera, esa que estará siempre en cada momento, pase lo que pase…

Síntesis:

Huracán: Marcos Díaz; José San Román, Martín Nervo, Federico Mancinelli, Luciano Balbi; Federico Vismara, Mauro Bogado; Cristian Espinoza, Daniel Montenegro, Patricio Toranzo; Ramón Ábila.

Independiente Santa Fe: Robinson Zapata; Almir Soto, Yerry Mina, Francisco Meza, Leyvin Balanta; Baldomero Perlaza, Yeison Gordillo, Sebastian Salazar, Luis Manuel Seijas; Daniel Angulo y Wilson Morelo.

Árbitro: Antonio Arias (Paraguay)

Horario: 21.00

Transmite: Fox Sports y El Ojo del Huracán (AM 1090).


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