Con la tranquilidad de quien se toma el fútbol tan en serio como con alegría, Huracán crece a pasos largos y firmes. En menos tiempo de lo que algunos preveían, el Globo superó el accidente y volvió a regurgitar orden táctico, solidez defensiva y efectividad. Ante un envalentonado Estudiantes, dio otra demostración de sus virtudes más importantes. Y a la hora de sacarse la foto, suplió ausencias importantes -por lesión o rotación- con bastante más que un poco de maquillaje.

Los buenos niveles individuales se repitieron dentro de un circuito colectivo cada vez más aceitado, que brilló por la confianza por sobre todas las cosas. El equipo de Eduardo Domínguez dominó la tenencia, redujo al Pincha y siempre dio cuenta de su meta, los tres puntos. Los errores mínimos del conjunto local quedaron inmediatamente tapados por una determinación que no discriminó por número de documento. Así, Luca Sosa jugó con la experiencia de un veterano y Rolfi Montenegro tuvo el despliegue físico de un juvenil.

El reparto de papeles, inevitablemente eventual ante tanta competencia, motivo de duda y temor por los hinchas, no parece hacer mella en un elenco que se esfuerza por sostener el equilibrio. Aunque ciertos valores de la bolsa del entrenador cotizan más alto que su recambio, como Wanchope Ábila, cuyas acciones se disparan con cada gol, el exdefensor camina orondo entre un plantel que pretende exiliar la crítica más repetida del año pasado, la escasez de alternativas. Por ahora, está logrando su cometido con ánimo y vigor.


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