Antes de que termine el 2012, un proyecto impulsado por el oficialismo de la Ciudad de Buenos Aires contempló la posibilidad de despojar a Huracán de parte del campo de deportes Jorge Newbery. El territorio -alrededor de dos hectáreas- se quería utilizar para la construcción de talleres de Metrovías, la empresa que maneja los subterráneos de la Capital Federal. Cristian Ritondo, vicepresidente de la Legislatura porteña y miembro del PRO, fue quien encabezó la gestión.

Hoy, tras un año y medio, el propio Ritondo presentó un nuevo proyecto que también involucra a la Quemita, pero no para hacer uso de ella. El propósito, que mañana se someterá a votación, es la cesión precaria al club de Parque Patricios -por otros 20 años- de la totalidad del territorio que ocupa el campo de deportes. Dicho de otra forma, la que mejor encontraron los hinchas, la Quemita no se toca, la Quemita es de Huracán. El enojo fue reclamo, el reclamo se transformó en deseo, el deseo se hizo realidad. Ante tantos altibajos en el fútbol y lo institucional, una buena nueva que potencia las posibilidades del Globo como institución.

¿Qué pasó en ese lapso de tiempo? ¿Qué hizo cambiar de decisión a los funcionarios públicos? ¿Qué intervino para cambiar el proyecto inicial por uno totalmente opuesto? Todas las preguntas tienen  una única respuesta: la gente de Huracán. Los hinchas, los socios, los simpatizantes, todos aquellos que visten, sienten, sangran, ríen y lloran por los colores, por el Globo con la H en el centro. ¿Por qué fueron ellos los progatonistas? Porque pusieron el pecho, marcharon, militaron por la pasión que le corre en las venas. A diferencia de lo que seguramente harán los políticos de cara a las próximas elecciones presidenciales en el club, se unieron, caminaron juntos, sin distinción de edad, gustos o pensamientos. Como se dice en estos días, tiraron para el mismo lado, aunque en realidad no tiraron nada, conservaron. Conservaron la paciencia y la voluntad necesaria para imponerse y triunfar. Sí, triunfaron. Demostraron que la unión hace la fuerza y no es verso, que el poder popular es mayor a la codicia individual o de unos pocos. Dieron muestras de valentía, de coraje, de amor. Y, lo más importante, encendieron una luz que iluminó e ilumina los rincones oscuros del presente. Una luz que deben conservar para reflotar, revivir, revitalizar a la institución. Una luz que es poder, un poder que muchos aún desconocen que existe, el poder del Pueblo Quemero.


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