El primer cuarto de hora, el del dominio absoluto de Huracán, fue una ilusión de facilidad, de trámite, de holgura, que pronto desapareció para dejar en claro que la final siempre es la instancia más difícil de una competencia internacional. Después de enfrentar a dos equipos argentinos, uno brasileño y uno uruguayo, el Globo encontró la horma de su zapato en Independiente Santa Fe, un conjunto colombiano que se parece y mucho al dirigido por Eduardo Domínguez: atento a sus virtudes y carencias, con la presión como premisa principal, consciente de la importancia de la localía y con su punto más alto en la solidez defensiva.

Los Cardenales fueron los primeros y únicos que se fueron con el arco invicto del Tomás Ducó, que se vistió de gala y estuvo a la altura de las circunstancias. Dentro del campo de juego del Palacio, se llevó a cabo una guerra de trincheras. La propuso Gerardo Pelusso y la aceptó el entrenador de Huracán. El posicionamiento zonal del esquema inicial fue respetado a rajatabla por ambos y apenas violado por José San Román, que protagonizó varias proyecciones por la banda derecha. El anfitrión tuvo la intención de atacar siempre, pero pocas veces pudo superar a la temible línea de fondo del visitante, armada físicamente hasta los dientes y dispuesta a reventar todo pelota que se acercara.

Los defensores rivales se aliviaron al ver que los remates de Ramón Ábila se fueron desviados. Wanchope fue el único canal de aproximación del Globo, que padeció el pressing, la concentración sin huecos y la marca escalonada que labró Santa Fe. El trabajo colectivo del visitante fue tan efectivo que anuló a los mediocampistas de elaboración del dueño de casa, desactivó al explosivo Cristian Espinoza y hasta puso en aprietos a la zaga central quemera, caracterizada por la seguridad y la firmeza. El empate sin goles fue un fiel reflejo de un partido de ajedrez que solo cambiará su tónica para la vuelta si el elenco colombiano decide tomar la iniciativa. Bogotá, escenario del desquite, tendrá su aporte como factor importante por la altura, aunque en la cancha se enfrentarán dos equipos de juego similar, igual de duros y con idéntica ilusión, levantar el trofeo.


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