En el Palacio Ducó, Huracán cayó ante Tigre por 2-1 y quedó en la antepenúltima posición de la tabla de los promedios. Una vez más, el equipo muleto se mostró apático y muy lejos del de primera línea. Daniel Montenegro convirtió el gol del Globo, que jugó todo el segundo tiempo con uno menos por la expulsión de David Distéfano.

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Es todavía más difícil de entender y explicar por el parámetro que establecieron sus compañeros hace unos pocos días. Ante Cruzeiro, se personificaron (y se multiplicaron por 11) el sacrificio y la solidaridad. Los jugadores «titulares», los que afrontan los partidos más importantes, tuvieron a la entrega como fundamento principal ante un rival internacional de temer. Pero lo que no lograron aquellos que ayer vieron el partido desde la platea Alcorta fue contagiar a sus pares. Anoche, los «suplentes» se midieron con el adversario de menor jerarquía dentro de un fixture apretado, con final y definiciones incluidas. El resultado fue contundente: Las sustitutos no funcionan.

Al trote ligero, con desgano, sin voluntad de ganar. Eso es lo que reflejó el Globo alternativo que presentó Néstor Apuzzo. Con la mente fija en la última jornada de la Fase de Grupos de la Copa Libertadores, el entrenador optó por concederle descanso a los de mayor rodaje y darle la oportunidad a los que menos juegan. Sin embargo, ninguno aprovechó la chance. Peor aún, la sensación no es que no pudieron, sino que no quisieron. Los rendimientos de los refuerzos -Carrera, Bruna, Montenegro- estuvieron atravesados por la abulia. Moreno y Fabianesi, un caso similar. Mención aparte para Distéfano, que a una paupérrima producción individual le sumó una expulsión más infantil que la de Sotelo en Avellaneda.

Curiosamente, los únicos que mostraron tenacidad y rebeldía son los que se codean a menudo con la titularidad. Nervo, el futbolista del club con más minutos jugados en la temporada, fue puro desgaste. Lo propio, Torassa. Pero lo que ambos pudieron hacer -más la poca ayuda de Echeverría, Gallegos y Campana- no compensó la falta de compromiso de los demás. Incluso los dos errores groseros de Giordano, responsable directo de ambos goles del Matador, quedaron en un apartado. El verdadero motivo de la derrota fue la brecha en el plantel, la enorme e insoslayable disparidad que existe entre los titulares y los indolentes.


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