Lo tenía que definir él. No podía hacerlo otro. Porque es el goleador y tiene la responsabilidad, sí. Pero también porque sus dichos tras el triunfo sobre Sarmiento provocaron un cimbronazo y tenía que fundamentarlo en la cancha. No es el único. Varios piensan igual y tienen un ojo en Huracán y otro en su posible futuro club. Y es que si la Comisión Directiva del Globo fuera un nadador, difícilmente lograría alguna medalla. Nada ganan aquellos a los que tanto les gusta hacer la plancha. Conscientes o no de un plantel que se cargó sin atenuantes a un entrenador de la casa, calendario y reloj apremian a Alejandro Nadur y compañía a la toma de decisiones.

Decisiones difíciles, claro está. Cómo medir a un equipo cuartofinalista de Sudamérica que no aseguró su permanencia en la primera categoría del torneo local después de 28 de las interminables 30 fechas. De qué forma separar lo que fue versatilidad e instinto en los últimos compromisos de la irregularidad y la desidia en varios pasajes de la temporada. Cada vez que el mallete está por golpear sobre la base de madera para dictar una sentencia, la mejor versión de Huracán aparece para generar dudas y crear ilusiones. Lo hace con solidez defensiva, inteligencia, lectura de juego. Con la capacidad para resolver cualquier planteo rival, cuando antes no podía ni siquiera solucionar las carencias propias.

En esos brotes insospechados, tan esporádicos como oportunos, el más egoísta de los jugadores es el que decora la resurrección. El que lleva el moño, el que pone la frutilla. Tiene un lado oscuro, de soberbia y codicia. Tiene un lado de luz repleto de goles. Ramón Ábila no puede ser querido o reprobado por los hinchas, sino amado u odiado. Wanchope suscita emociones fuertes sea cual sea la faceta con la que lo haga. Es un personaje que se mueve como péndulo entre esa figura simpática de lógica altruista, que se abrazó con todos en el festejo de victoria sobre Defensor Sporting, y ese sujeto mezquino que solo procura su botín y tacha los días del almanaque para ponerse la camiseta del mejor postor. Un verdadero pirata cordobés.


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