Una vez montada la embarcación, el capitán tenía un objetivo que le consumía el sueño. Cazar a la ballena más grande, más temible, esa a la que nadie confiaba que pudieran capturar. ¿Pero quién podría negar que el sólo hecho de tenerla en sus manos no seducía demasiado como para arriesgar todo lo que hasta el momento habían conseguido y poner en peligro un futuro no tan lejano?

Es verdad, todo aquel que estaba detrás de esa embarcación, se sumo a la locura. Nadie se negó a intentar conseguir tan tamaña proeza. ¿Y acaso estaba mal? No, para nada. ¿Por qué debería estarlo? ¡Si después de tantos años de soñar con tener la posibilidad de quedarse con tamaño tesoro, de una vez por todas la chance se les había presentado! Imposible dejarla escapar en un momento así.

Sin embargo, los marinos no deben olvidarse que necesitan seguir comiendo para vivir. Y aunque hoy el máximo objetivo sea esa brillante ballena, no deben darle la espalda al Tigre que los espera en casa. Es por eso que aunque la batalla en el mar sea dura y desgastante, no se debe olvidar el compromiso que hay acá en tierra firme. Porque si lo hacen, podrían terminar hundidos en el fondo del mar…


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