Huracán cayó ante Racing en Parque Patricios y enunció abiertamente su verdadera prioridad, la apuesta a la ilusión. El equipo de Eduardo Domínguez afrontó sin sus mejores piezas el duelo ante una versión B de la Academia y volvió a padecer el costo de jugar cada tres o cuatro días con un plantel estrecho en jugadores aptos para la competencia de alto rendimiento. El entrenador cambió siete nombres respecto al empate con Atlético Nacional, pero necesitó de los cuatro que repitió del duelo por Copa Libertadores para no perder por mayor diferencia e insinuar algo en ataque.

La alineación inédita del Globo se armó alrededor de la columna que formaron Marcos Díaz, Martín Nervo, Alejandro Romero Gamarra y Cristian Espinoza. Sin embargo, la presencia del arquero estrella, el capitán y los dos mejores juveniles de la plantilla no lograron contagiar de ritmo a sus compañeros, que cedieron posesión y terreno ante el conjunto visitante desde el primer minuto del partido. Fue cuestión de (poco) tiempo hasta que una sucesión de errores en la salida terminara con Roger Martínez de frente al arco de Díaz sin marca ni motivos para no convertir.

El gol de los de Facundo Sava tocó el orgullo de los pibes de Huracán, que eran punto de descarga cada vez que el anfitrión se hacía de la pelota. Espinoza y Romero pusieron a prueba su destreza física y mental para elaborar situaciones sin más compañía que uno para el otro. La voluntad y nobleza de ambos impulsaron al dueño de casa, que se hizo también propietario casi absoluto de la tenencia en el segundo tiempo cuando el rival se quedó con uno menos y Mauro Bogado y Mariano González ingresaron para comenzar cada intento de empatar. Intento, no más.


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