Una vez más, la gente de Huracán fue víctima de la incompetencia de la Policía Federal. Semanas atrás, los responsables de cuidar a los ciudadanos llevaron a la barrabrava de San Lorenzo a pasear por Avenida Caseros. Ayer, además de ser cómplices de la invasión de la platea Miravé, reprimieron a hinchas genuinos y periodistas que se quedaron en el Ducó tras la suspensión del partido. ¿Tomará la Honorable Comisión Directiva cartas en el asunto o volverá a hacer vista gorda?

No fue el primer caso y lamentablemente tampoco será el último. El operativo policial del partido entre Huracán y Sportivo Belgrano tuvo fallas por donde se lo mire. Nuevamente, aquellos que deben garantizar el bienestar de las personas intercedieron en contra de tal propósito y en pos de lo contrario. Ineficaces, incapaces, nulos. Impunes.

Tantos fueron los yerros de la Policía que se los puede enumerar cronológicamente. Primero, no pudo contener la furia de los personajes que se colgaron al alambrado de la tribuna Ringo Bonavena. Los bomberos debieron interceder con mangueras para bajar a los que optaron por una forma de reclamo completamente errónea y repudiable, además de perjudicial para el club.

Luego, pese a que el partido debió suspenderse en ese tenso momento que se vivió en el Ducó, el jefe del operativo le dio el aval a Darío Herrera, el árbitro, para continuar en condiciones «seguras». Por supuesto, fue cuestión de minutos, unos pocos, hasta que la situación se tornó irreversible. La reja que separa la grada popular de la platea Miravé fue abierta por el descuido y la pésima logística implementada. No había ni un policía en aquel lugar para prevenir tal hecho -también, claro está, habría que revisar los videos para corroborar la complicidad o no de empleados del club-.

Así, los violentos accedieron al lugar más cercano a los bancos de suplentes que un hincha puede tener. La facilidad para ingresar al campo de juego y arrojar proyectiles fue tal que una persona traspasó los límites en pocos segundos y se puso a saltar sobre el techo del banco visitante. Gente tapándose la cara y niños lanzando piedras fue una de las imágenes más tristes del día. ¿La Policía? Brilló por su ausencia. En la Miravé, ni uno. Quizás allí debía estar alguna de las 30 unidades de infantería que hacían fila en el círculo central del campo de juego. Haciendo nada.

A todo esto, en las adyacencias del Ducó, otro grupo de la Federal se enfrentaba con hinchas que abandonaban el estadio tras el cierre abrupto del encuentro. Camiones hidrantes, patrulleros. La locura casi habitual del penoso fútbol argentino, que lo único que gestó para prevenir la violencia en las canchas fue la prohibición de los visitantes (y ni siquiera, los cotejos de Godoy Cruz en Mendoza ante Boca y River desmintieron tal medida). El resultado del choque dejó, además de las corridas, el mal momento y el peligro que corrieron los quemeros, a dos heridos hospitalizados en el Penna. Un mamarracho, que no terminó ahí.

Dentro del Palacio, aún quedaban hinchas y periodistas que aguardaban la salida de los jugadores, como siempre ocurre después de cada partido de local de Huracán. En los pasillos resonaban los insultos hacia el plantel, es cierto, pero tal realidad estuvo muy lejos de justificar el accionar policial: a los palazos y empujones, echaron a la calle a cuanta persona se les atravesó. Gente mayor, mujeres y niños fueron golpeados y arrastrados a plena Avenida Alcorta.

La salida de los jugadores entre dos cordones de cuerpo de infantería es anecdótico. Que se hayan ido sin dar declaraciones a pesar de que muchos periodistas, encerrados entre efectivos y el alambrado perimetral del campo de juego, quisieron entrevistarlos no es importante en comparación al papelón que protagonizó la Policía Federal a lo largo de la tarde. Hasta cuándo la dirigencia, la que le paga a estas figuras deplorables, obviará actos como los de ayer. Hasta cuándo el socio deberá soportar los incumplimientos de los que tienen que proteger y servir. Hasta cuándo el hincha correrá riesgo físico por solo ir a ver a su equipo. Da tristeza no tener respuesta a ninguna de estas preguntas.


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