Vuelve el clásico de barrio más grande del mundo, el más atractivo, el más lindo. Nuestro clásico. Nuevamente, los tendremos cara a cara, después de cuatro años. Somos vecinos, amigos, familia; todos mezclados en unos pocos barrios, por eso este clásico es especial, algo que los ajenos nunca podrían entender. El folklore que genera el fútbol, en su máxima expresión.

La semana pasa lento en las vísperas de un nuevo clásico. Los minutos son interminables cuando falta tan poco para la visita al Baja Flores. La ansiedad que genera al ver una imagen de la previa. Apoyar la cabeza en la almohada y que resulte imposible no hacerse mil imágenes en la cabeza de lo que podría pasar el domingo. El nerviosismo, a flor de piel, tanto como la ilusión de ganarles en su casa. Y que el triunfo con el gol de Tito Villa, del 9 de diciembre de 2001, deje de ser la única victoria en el Nuevo Gasómetro, para convertirse en una más. “La historia es pasado”, dijo Wanchope Ábila en la semana, y el domingo empieza la parte emocionante de la historia.

Esta vez, a diferencia de tantas otras, no llegamos de punto y las realidades son completamente distintas, y estoy convencido de que este equipo puede hacer callar a todos los cuervos que se hagan presentes en el Bajo Flores, aunque siendo objetivo hacerlos callar no es algo que cueste demasiado.

Lejos quedó el último enfrentamiento allá por el 2011, en el que perdimos en su cancha. Aquella vez, pudimos estar nosotros, lamentablemente, por cuestiones de “seguridad”, no podremos estar el domingo (suerte para ellos), pero cada hincha de Huracán hará tanta fuerza desde donde esté que el apoyo se va a sentir, tal como lo hicimos cada vez que nos tocó visitar ese estadio.


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